31.01.2010 | La forma en que Acción Marplatense utilizó la mayoría en el Concejo para avanzar sobre dos proyectos recordó lo peor de la política. ¿Por qué no se puede cumplir en el poder aquello que se reclama siendo oposición? Hace falta alguien que baraje y dé de nuevo.
“Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”, reza el dicho popular que muchas veces se aplica sobre gente con poder. En política, es una fija. Oficialistas que en el pasado fueron opositores y que con energía se enfrentaban a cuestiones que ahora, ocupando un lugar privilegiado, ni osan criticar. Mar del Plata -cuándo no- puede darse el lujo de tener representantes en esas tristes ligas del no cumplir con lo pautado. Gustavo Pulti, ¿les suena?
Pulti, el hombre de Acción Marplatense que tras una década y más de candidaturas llegó al sillón principal de la Comuna, es un gran representante del “haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”. De hecho no sólo decía o recomendaba qué hacer y qué no hacer, sino que además tenía un discurso enérgico sobre determinadas cuestiones relacionadas al manejo de la cosa pública. Esa que ahora conduce de una manera similar a la que cuestionaba cuando era concejal.
¿Recuerdan la campaña para Intendente? Una de las críticas más escuchadas era la de terminar con los viajes a La Plata y a Capital Federal para buscar fondos. La Municipalidad tenía que sustentarse con sus propios ingresos: mejorar la recaudación, ser autónomos era la idea. La exagerada presencia del gobernador Daniel Scioli en la ciudad y las ayudas económicas provenientes del Estado nacional, aumentadas en épocas previas a las elecciones cuando el jefe comunal se vio convidado a convertirse en candidato a senador, evidencian uno de los tantos traspiés de su gestión.
Otro de los latiguillos repetidos en su boca estaba relacionado con la forma en que anteriores gestiones habían utilizado su mayoría en el Concejo Deliberante. De hecho, durante estos dos años al frente del Ejecutivo no hizo más que quejarse públicamente por lo que, bajo su punto de vista, fue un entorpecimiento constante de sus acciones de Gobierno. Y claro, qué bueno que sonaba en época de campaña decir que la Municipalidad no debía aumentar sus tasas. Aquí vale una justificación: ¿quién, en cualquier época de la política argentina, se atrevió a admitir que iba a aumentar los impuestos?
En realidad, tomamos apenas tres puntos que están en la superficie de la gestión Pulti. Un entomólogo se haría verdaderamente un festín. Pero lo cierto es que con esto ya podemos hacer un recorte preciso sobre la incoherencia que a veces se apodera de nuestros representantes. Esta semana, la utilización de la mayoría en el Concejo para promover dos proyectos sobre los que el Ejecutivo necesita avanzar imperiosamente, deja en claro que los dichos del pasado son pisados, y que la necedad es un componente preferencial de la política.
Aprobando
Esta semana, el oficialismo tuvo dos triunfos legislativos: en Comisión de Hacienda obtuvieron el voto positivo la ordenanza fiscal impositiva, que posibilita un aumento de las tasas de alrededor del 20%, y el proyecto de traslado de los bares de Alem a la escollera norte. De esta manera se dio el paso definitivo para que ambos temas sean tratados sobre tablas en el Concejo Deliberante. Precisamente esto se estaba debatiendo al cierre de esta edición.
Acción Marplatense dio uso así a viejas artimañas de la política vernácula, algo que supuestamente estas fuerzas vecinales venían a destronar como representantes de la nueva política. En esa Comisión el oficialismo es mayoría, con cinco concejales de los nueve que la integran. Los debates fueron más o menos extensos, pero el resultado fue el mismo: el oficialismo estaba apurado por obtener esos votos positivos y utilizó maniobras similares a las vistas tantas veces en el Congreso Nacional, cuando el Gobierno precisa imperiosamente que se apruebe un proyecto antes de que cambie la conformación de la Legislatura. Eso mismo es lo que le pasa al oficialismo local.
¿Pero Pulti no había conseguido la mayoría propia después de las elecciones legislativas de junio del año pasado? Sí y no. Es que algunos cambios en su Gabinete promueven instancias que le hacen perder esa condición. Si bien es cierto que tiene la mayoría de concejales desde el 10 de diciembre, el pase de Santiago Bonifatti al Gabinete, hace que ingrese al Concejo el ex funcionario José Reinaldo Cano, quien se alinearía con la oposición. Así, Acción Marplatense tendría nuevamente que luchar para dar los pasos que pretende en el Concejo.
Esta modificación en el Deliberante se daría a partir de febrero. De hecho, esta es la única interpretación posible cuando uno recuerda que recién el 20 de enero se trató el tema de la escollera y en menos de 10 días estaría siendo aprobado. “Quieren sacar los expedientes como una carrera de autos antes del 31 de enero”, se quejó el concejal Diego Garciarena, del Frente Nacional y Popular.
Que hay apuro, lo hay, y es evidente. El bloque de la Unión Cívica Radical propuso que el expediente sobre el traslado de los bares a la escollera pase por las comisiones de Obras y de Turismo, ya que se trata de un asunto relacionado con ambas áreas. Sin embargo, en esas comisiones el oficialismo no tiene mayoría y por eso la moción fue rechazada de lleno. El objetivo es acelerar los trámites.
Uno podría preguntarle al Ejecutivo cuál es el apuro. Pero es evidente que en ambas cuestiones hay una necesidad imperiosa: por un lado el Municipio necesita recaudar, y el aumento de las tasas aparece hoy como la única forma viable; por el otro, el interés inmobiliario sobre la calle Alem hace que los tiempos se aceleren. Se sabe: la presión empresarial es difícil de soportar.
Idas y vueltas
Para que alguien que prometió hacer tal cosa y luego no lo hace las cosas le funcionen adecuadamente, lo mejor es hacerse el desentendido. Acción Marplatense parece especialista en estas cuestiones: del no al aumento de tasas y de la sana utilización de los carriles democráticos pasamos a aceptar la suba de impuestos, motivados en que luego esto repercutirá en obras para los vecinos, y a negar el uso de la mayoría automática asegurando que se dio el debate adecuado. Claro, una verdad a medias.
Es cierto que los temas se discuten en el ámbito que se deben discutir, pero también que el oficialismo habilita el juego en los lugares donde sabe que puede jugar mejor y no salir dañado. Por eso la negativa a trasladar el debate a otra comisión que no sea la que finalmente aprobó ambos proyectos para su tratamiento en el Concejo. “A las críticas no las percibimos. Se habló de pensar distintos por estar filosóficamente en otro esquema. Nosotros dimos los debates”, comentó Bonifatti a la prensa.
Desde luego que las maniobras aquí denunciadas están relacionadas intrínsecamente con los juegos de la política. Es tirar y aflojar, es negociar espacios para lograr algún objetivo. El cuestionamiento viene por el lado de cierta exigencia moral que se tiene cuando se es oposición y cómo luego, una vez en el poder, eso se esfuma en virtud de la defensa de intereses espurios. Cuando se predica con el ejemplo, no se puede pedir otra cosa. Después no nos sorprendamos con la falta de compromiso ciudadano y con el desinterés en la política. Los que abonan el camino de la decepción deberían hacerse cargo, barajar y dar de nuevo en este juego repleto de cartas marcadas.
Un empleado no docente de la Universidad advirtió a otro que se callara, y lo hizo incendiándole el coche por segunda vez en menos de un año. Hay un enfrentamiento interno entre sectores, que incluye secuestro, amenazas, lesiones y hasta la destrucción completa de propiedad privada. El rector no se hace cargo: esto es poco importante para él.
Apareció en escena Horacio Tettamanti, ingeniero, empresario, funcionario de la administración comunal, concesionario de espacios públicos en el puerto de Mar del Plata. No ha sido una aparición más, sino que viene de la mano de una investigación de la revista Puerto, que lo coloca en la incómoda posición del que hace todo lo contrario de lo que dice.
Tettamanti se hizo conocido entre nosotros por sus apariciones en los medios cuando denunciaba actos de corrupción en la Gobernación de Chubut, durante el mandato de Carlos Maestro, y en relación a la administración de puertos en el Gobierno de la Alianza (De la Rúa/Álvarez). Hoy, funcionario influyente en la gestión GAP, se lo ve en fecha reciente caminando junto a Florencio Aldrey Iglesias por el GHP junto al canciller Timmerman.
Responsable de la obra de 3 de Febrero y Catamarca donde se cayó un fierro que rompió un vehículo.