31.01.2010 | Mucha expectativa para tan poco resultado. Así podría titularse nuestra columna que, en función de lo poco que han obtenido los tenistas argentinos en el primer Grand Slam de la temporada, el Abierto de Australia, encontraría una descripción más que ajustada a la realidad.
Sin ánimo de formular una crítica desenfrenada, la verdad cae por su propio peso. Juan Martín del Potro, el tandilense top ten en el circuito internacional de la ATP, fue quien más perduró en la competencia, sobreviviendo a los partidos de la primera semana. A pesar de ello, su esfuerzo no alcanzó para convertirse en uno de los animadores de la instancia decisiva.
Esta vez su físico le jugó una mala pasada. Ese plus que en otras ocasiones fue determinante -estatura para aprovechar al momento del saque, potencia para imprimirle más peso a la pelota, resistencia para aguantar interminables faenas de peloteos largos- no alcanzó para que Delpo cumpliera con las expectativas que había sobre él. Y se fue antes de lo previsto, eliminado por el croata Cilic, un buen jugador que en condiciones normales no debería significar un escollo para la torre de Tandil.
Esto nos demuestra, otra vez, que la justificación del tope del ranking se compone de muchos elementos. Entre ellos buen tenis, talento, buen trabajo físico, gran desempeño psíquico, mejor aptitud al entrenamiento, buena utilización de la ciencia aplicada al deporte, complementación dietaria, y suerte para no lesionarse por situaciones que no tengan nada que ver con ninguna de las necesidades mencionadas anteriormente.
¿Cuántos tenistas puede el lector mencionar con semejante perfil? Seguro que uno, Roger Federer; por algo es el líder del ranking internacional. Pero ya ni siquiera los dos que pretenden disputarle ese privilegio, Nadal y Djokovic, se encuentran dentro de ese perfil.
Entre los pocos resultados del torneo también hay que apuntar al resto de la decena de tenistas argentinos que ingresó al cuadro principal y que, poco a poco, se fueron marchando. Quizás una mención especial valga para Gisela Dulko, que superó a buenas exponentes en la competición femenina antes de despedirse frente a la rusa Zvonareva. La argentina hizo su mejor presentación en el torneo, alcanzando la tercera ronda. También Juan Mónaco se fue tras perder con un grande, como es el ruso Nikolay Davidenko.
Más allá de estos casos particulares, el tenis nacional no tuvo un buen torneo en Melbourne. Y si bien es cierto que este deporte es uno en los que más trasciende la faz individual, desde lo deportivo hasta lo económico, la dirigencia nacional debería plantearse dónde está parada, en qué nivel se encuentran los tenistas que representan a la Asociación (cuando lo hacen) y cómo deben mejorar. Es que, si miramos para atrás y a excepción de Del Potro, la “legión argentina” ha perdido mucho espacio y protagonismo. Y no será porque no se lo han dado a propósito. Más bien porque lo ha perdido a fuerza de resultados adversos.
por Matías Frati
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