07.02.2010 | Recorrer la peatonal San Martín de noche es descubrir los restos del día en forma de basura. Cada día se extraen diez toneladas de residuos de las playas. Un proyecto analiza la posibilidad de multar a quienes ensucien espacios públicos.
Más allá de la falta de control por parte del Estado en determinadas áreas, debemos reconocer que en algunos campos la responsabilidad estatal va a medias con la del vecino. Claro que siempre es más fácil echarle la falta a un Ejecutivo ausente que a los propios ciudadanos, quienes incurren en ciertas conductas reprobables. El tránsito es uno de esos temas: ¿hay que conocer mucho de reglas para saber que un semáforo en rojo es inviolable? Es un concepto que aprendemos casi desde la infancia. No hay excusas. El desaprensivo depósito de basura en las calles de la ciudad es otro.
Definitivamente no tendría que haber un correctivo para que nos demos cuenta de que las calles deben estar limpias, y que eso nos lleva a tener una mejor calidad de vida. Sin embargo, intente usted recorrer la peatonal San Martín durante la madrugada una vez que terminó el gran movimiento de transeúntes. Un chiquero, literalmente: papeles, envoltorios de caramelos, folletos, cigarrillos, botellas de gaseosa vacías forman el panorama de una especie de basurero a cielo abierto.
Hay quienes aseguran que esto recrudece en el verano. Es verdad. Pero no le echemos la culpa solamente a los turistas: durante todo el año se observa gran cantidad de basura en las calles. En la temporada aumenta la cantidad, simplemente porque también sube el caudal de gente que transita. Pero la proporción es la misma. Repercute en esto la distribución de folletos, los volantes anunciando damas de compañía o la actividad de algunos restaurantes que dejan sus desperdicios en la vereda no siempre de la forma que deben.
Como dato significativo bien vale destacar que los encargados de recolectar los residuos juntan por día más de diez toneladas de basura sólo en las playas, motivo por el cual los camiones tienen que hacer varios viajes para limpiar los 23 kilómetros de costa que le corresponden. Y ese es otro detalle: a mayor cantidad de residuos, mayor trabajo para la empresa que se encarga de eso, la 9 de Julio. Como se ha dicho, se trata de uno de los contratos más caros que tiene la Municipalidad. Imagínese usted de qué manera se reclama un aumento del subsidio si se tiene que trabajar cada vez más.
Acciones
Algunas medidas como para mejorar la higiene se han implementado. De hecho, el Concejo Deliberante también analiza actualmente un proyecto presentado por el edil de la Unión Cívica Radical Fernando Rizzi, por medio del cual se estudia infraccionar a aquellos ciudadanos que ensucien las calles y los espacios públicos. Esta medida está inspirada en otros destinos, y por ejemplo en la Argentina tenemos en Mendoza a uno de los distritos más limpios de todo el país, históricamente reconocido por su pulcritud. ¿Cómo lo logran? Con campañas de concienciación precisas, que apuntan directamente a la educación primaria como el lugar donde se forma la responsabilidad cívica.
Un poco de eso es lo que se comienza a experimentar en Mar del Plata. Por ejemplo con la puesta en marcha de la campaña Amar es Cuidar, la Dirección de Gestión Ambiental intenta progresar para que la ciudadanía recapacite ante esta situación. Por medio de la misma se apunta a mejorar la higiene en distintas zonas de la ciudad, se distribuyen carteles publicitarios sobre la importancia de cuidar el medio ambiente y se han colocado 200 cestos de basura. Ahora, lo bueno sería que la gente sepa qué hacer con toda esta infraestructura.
Según explicó la directora de Gestión Ambiental, Claudia Baltar, con aquella cifra de diez toneladas de basura recogida por día, la ciudad ha superado su marca promedio. Y en el marco de la campaña, explicó a un diario capitalino: “este año hemos incrementado la limpieza en los sectores costeros de mayor concurrencia y en los horarios centrales, que son después de la playa, cuando la gente empieza a caminar”.
Otras de las acciones ha sido la multa a comercios gastronómicos que sacan los residuos a la vía pública fuera del horario en el que pasa el recolector, que es entre las 19 y las 20. En ese contexto fueron multados recientemente 42 restaurantes. “Entre todos podemos hacer nuestro aporte, porque no solamente tiene que pasar por el Municipio, que ha incrementado los servicios de la empresa encargada de la recolección de residuos y puso más inspectores en la calle”, consideró Baltar.
Proyecto
Decididamente, Mar del Plata no es Calgary, la ciudad más limpia del mundo según un informe publicado por la revista Forbes, pero al menos podría ponerse en tratativas de mejorar este aspecto, más si se tiene en cuenta que su industria principal hoy por hoy termina siendo el turismo. Hablando de informes, en la revista citada se presentó una lista de las ciudades más limpias del mundo y detrás de Calgary aparecen Minneapolis, Helsinki, Oslo, Estocolmo, Zürich o Katsuyama. En estos destinos, el tema ecológico es predominante, lejos de una Mar del Plata con la costa contaminada según estudios realizados por especialistas.
Mencionábamos anteriormente un proyecto del concejal Fernando Rizzi, el cual le agregaría un nuevo párrafo a uno de los artículos del Código Contravencional, con el objetivo de que se puedan imponer multas a quien arroje cualquier tipo de residuo en espacios públicos como aceras, calzadas, espacios verdes, playas, entre otros. Esto se puede observar en el artículo 43 de la ordenanza 4.544 (Código Contravencional). Allí, según se indica, se impondrían multas del 0,35 al 40% o la clausura de hasta 15 días -o decomisos, o arresto de hasta 30 días- “por el arrojo de basura, desperdicios animales muertos o enseres domésticos en la vía pública, terrenos baldíos, casas abandonadas u otros lugares públicos o privados donde se hallaren prohibidos tales hechos”. Sobre este texto es que el edil ha trabajado con el fin de afinar la redacción para que quede claro “con sanciones menores por la escala de la contravención, todos los hechos de arrojar cualquier residuo a un espacio público”.
A la hora de explicar los motivos de este proyecto, Rizzi comentó que si bien hay ya una norma vigente, la misma es genérica: “creemos que resulta oportuno especificar que es sancionable arrojar al suelo cualquier residuo, y establecer multas adecuadas para estas infracciones de pequeña escala, que pueden rondar entre los $100 y los $400”. Y consideró que, además, se debe continuar con la política de reforzar la educación ambiental, el control de panfletos repartidos por promotores, la entrega de volantes con oferta sexual y la instalación de cestos de residuos.
Pero claro está, no es suficiente, porque para mejorar la higiene que necesitan los habitantes del Partido de General Pueyrredon dijo Rizzi: “las sanciones también tienen un efecto imprescindible para disuadir a quien ensucia de hacerlo, porque arrojar papeles o residuos a la vía pública es un acto insolidario, irrespetuoso y antisocial, que atenta contra el hábitat de todos”. Al igual que en el tránsito, la multa aparece como el castigo más preciso, aunque convengamos que en este caso, por considerarse una infracción menor, las multas serían pequeñas. ¿Servirá?
El concejal dejó en claro que el ideal es que la gente ensucie menos, antes que la Municipalidad limpie más. Aunque se mostró cercano a una verdad que uno alumbra con cierta resignación: “creo, sinceramente, que a nadie hay que enseñarle demasiado que ensuciar la ciudad de todos es una conducta que está mal, y que nos daña como sociedad”.
La Cámara Nacional de Apelaciones le dijo al fiscal general Daniel Adler que trabajó poco. Los jueces lo retan por escandaloso, y le dicen que ni siquiera se ocupó de precisar lo que quería decir. Esta vez no funcionaron las órdenes que el fiscal quiso dar desde arriba, ni sus métodos de trabajo tan poco ortodoxos. Aprieta a sus súbditos: los otros no se dejan.
La desfachatez con la que la clase dirigente se presenta ante la sociedad merecería un estudio sociológico profundo. Quienes nos representan, ¿son una proyección fiel de la sociedad? ¿O son una muestra esperpéntica del conjunto, que, merced a su falta de escrúpulos, puede actuar como lo que no es, la sociedad misma? Difícil pregunta, de compleja respuesta. Porque no es dable creer que Horacio Tettamanti, dueño de Servicios Portuarios Integrales (SPI), o Eduardo Tomás Pezzati, presidente del consorcio portuario y de todo consorcio o ente que haga falta para dar trasiego al dinero público, representen a la sociedad marplatense. Menos aún su jefe político Gustavo Arnaldo Pulti.
El titular de Zona Sanitaria VIII analiza cómo se presentó la gripe A este año comparado con el año pasado y confirma un caso de rubeola en un niño de 4 años en Necochea.