Noticias & Protagonisas

99.9 Radio Mar del plata
MAR 07 Septiembre 2010 | Mar del Plata

Cultura

Vinagre, rosas y lluvia

Descripcion

07.02.2010 | Joaquín Sabina volvió al estadio mundialista para dar un gran show. En el marco de la gira promocional de su último disco, brindó un recital de más de dos horas que lo mostró en inmejorable forma. Una vuelta que es regreso pero también recuperación.

Hay dos o tres elementos que los poetas saben manejar mejor que nadie. Uno de ellos es la lluvia. Imagínese usted, entonces, a Joaquín Sabina en medio de la lluvia torrencial que se abatió sobre Mar del Plata el 29 de enero pasado. Si bien el aguacero comenzó un par de horas antes del show, las gotas finales parecieron seguir el ritmo del último acorde de Pastillas para no soñar, tema con el cual el cantautor español dijo adiós. Y no hicieron Sabina y su troupe más que desaparecer del escenario del estadio mundialista, que la lluvia cesó definitivamente.
Dice Sabina en Embustera que la humedad “es algo que se seca y se olvida”. Podríamos decir que esto es así en algunos casos. Porque la mojadura del recital no se olvidará fácilmente. No por molesta, sino por el contexto que le dio a un espectáculo que vino a aportarle algo de dignidad a una cartelera veraniega que se somete sistemáticamente a las estrellas de cartulina. Si bien las discográficas se empeñan en hacer de los artistas meros productos de marketing, el autor de Peor para el sol guarda aún sus cuotas de grandeza, su poesía militante, su don de la palabra. Entre Sabina y aquello que alimenta el chimenterío infértil, hay varios kilómetros de distancia.
Sabina no se presentaba en la ciudad desde diciembre de 2006, año en el que había venido dos veces, una al polideportivo y otra al mundialista. Desde entonces, entre la gira con Joan Manuel Serrat, la crisis por su enfermedad y su recuperación de ciertas adicciones que lo han alejado de la frondosidad compositiva de otrora, el cantautor permanecía en un silencio que lo había convertido en un recuerdo constante. La aparición meses atrás del tan mentado Vinagre y rosas, su último disco, posibilitó el reencuentro con los sabineros, esos que hoy ya son un dogma y que se acercan peligrosamente al fanatismo.
Igualmente, vale decirlo, su talento para la composición, su habilidad para reconstruirse constantemente como personaje y su poder de seducción para que diversos públicos se acerquen a verlo, provocando un recambio generacional que asombra, le dan sustancia a ese fanatismo. Convengamos que prácticamente estamos asistiendo a la obra de uno de los últimos grandes compositores de la música de habla hispana, un tipo que es estudiado en las universidades y que ha logrado instalar frase como “no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió” en el ideario colectivo de la cultura popular.

Disco

Digamos esto: para haber disfrutado aún más el show del mundialista, era necesario entender el disco Vinagre y rosas en el contexto de su trayectoria. Luego del problema de salud que lo tuvo a maltraer, el cantautor editó Alivio de luto, un disco oscuro, conceptualmente monocorde, que hacía menos hincapié en los estribillos y en el hit radial que en la necesidad de construir largas letanías testamentarias. Un poco eso era Resumiendo, más allá de su pose rockera. El corte difusión de esa placa fue Pájaros de Portugal, que decía algo así como “qué pequeña es la luz de los faros de quien sueña con la libertad”. Más amargo que eso, imposible.
A lo que íbamos: dicen quienes han tenido la chance de dialogar con el artista y su entorno, que ese disco no es muy querido por el propio Sabina. Eso se notó el otro día en el estadio, ya que ningún tema sonó en las más de dos horas y cuarto que duró el espectáculo. Evidentemente existe en este presente una necesidad expresiva de mostrar cierta energía, la cual ya había podido ser rastreada en el propio Vinagre y rosas. Como para comparar, esta vez el corte difusión fue Tiramisú de limón, lindo rockito con estribillo bien arriba, que plantea una de esas posturas orgullosas del amante despechado que siente que ha podido dejar el pasado atrás. Ese tema abrió el concierto y el “que sepas que el final no empieza hoy” sonó fuerte en el mundialista. Decididamente, para Sabina y los suyos lo que empieza hoy es un recomienzo, que parte de replanteos y otra actitud. Si mejor o peor, no es nuestro derecho señalarlo.
Pero Vinagre y rosas es mucho más que eso. Ceñirlo al funcional lugar de “disco de renacimiento” no es justo para un puñado de canciones que pueden ingresar fácilmente en la lista de recordadas del autor. En el recital se escucharon -además de Tiramisú de limón- Viudita de cliquot, Agua pasada, Cristales de bohemia, Embustera. Todas juntas forman parte de un cuerpo de obra que en cierta manera representa todos los estados del Sabina musical: el de las letanías, el de las canciones de desamor que sangran, el de la melancolía intelectual, el que de vez en cuando goza calzándose una guitarra eléctrica y probando su mejor postura rockera estilo Mick Jagger.
Ese mismo Sabina es el que se vio en el mundialista, atravesando una lista de temas que optó antes que por la creación de climas, por la ruptura de toda instancia previsible. Más allá del lugar común que representa ya la escenificación prostibularia de Una canción para la Magdalena, esta vez con la corista Marita Barros en lugar de Olga Román, negándose a cobrar por sus servicios, el resto del recital estuvo marcado por picos emotivos y festivos, sin orden alguno. Eso respeta de cierta manera la estructura zigzagueante de Vinagre y rosas.

En vivo

Si en la cancha se ven los pingos, como dicen los fanáticos del fútbol -y si se permite la digresión, digamos ya que este deporte ha colaborado con infinidad de metáforas aplicables a cualquier contexto-, en el escenario se ven los cantantes. Hay quienes dicen que el español no canta bien. Los invitaría pues a que lo vean en vivo y señalen en qué lugar le pifia a las notas. Puede que tenga una voz para nada convencional, pero más allá de ese desvío, su supuesta falencia se convierte en virtud. Nada lo identifica más que esa voz de lija, que representa por si fuera poco la esencia del cuerpo que lleva adosado. Hay algo inseparable en su imagen que más que en artista lo convierte en ícono, en un símbolo.
Pero un artista, además y qué duda cabe, es él y su circunstancia. Y en este caso las circunstancias tienen nombre y apellido: Pancho Varona, Antonio García de Diego y la mencionada Barros. Cuando el cantante abandona el escenario para tomarse un descanso, Varona rockea Donde habita el olvido; Barros hiela la sangre con Como un dolor de muelas, y García de Diego arremete con una versión de Amor se llama el juego de esas que no se empardan. Es que esa idea de la banda de músicos como grupo amigos funciona en Sabina: sin imposturas, manteniendo el interés de la platea aún sin el maestro sobre el escenario.
Maestro de las rimas y de la poesía, adicto a jugar habilidosamente con el fuego de la pasión, también arremetió y dominó en el mundialista las aguas que se volvieron turbulentas a la espera del artista sobre el escenario, que se picaron cuando salió a escena y que se calmaron cuando al fin, ya emprendiendo la retirada, supo irse con la elegancia con que lo hacen los grandes, dejando un sabor agridulce en la boca: nunca es suficiente cuando se la pasa bien. El diluvio no apagó la pasión, por el contrario alimentó como si fuera combustible la sinergia del espectador ávido por corear cada recodo de las canciones. Sabina supo escenificar en la noche marplatense el concepto de su último disco: es una vuelta que significa regreso, pero también recuperación.

Recomendar Nota a un amigo
Parcialmente nublado 10,1º
Parcialmente nublado
ST 8,4° H 99%
Mandanos tus fotos
Fotos

Calles de la Zona Norte inundadas

Por Ana Szpyrnal Este es el estado en el que quedan las calles en el barrio Zacagnini después de un día de lluvia. No existe mantenimiento del engransado y no se soluciona el problema de fondo que requiere tareas de nivelación para permitir que el agua corra y no ...

Más Notas

Cultura

ver Archivo

Órdenes de arriba

La Cámara Nacional de Apelaciones le dijo al fiscal general Daniel Adler que trabajó poco. Los jueces lo retan por escandaloso, y le dicen que ni siquiera se ocupó de precisar lo que quería decir. Esta vez no funcionaron las órdenes que el fiscal quiso dar desde arriba, ni sus métodos de trabajo tan poco ortodoxos. Aprieta a sus súbditos: los otros no se dejan.

por José Luís Jacobo

Ni pío

La desfachatez con la que la clase dirigente se presenta ante la sociedad merecería un estudio sociológico profundo. Quienes nos representan, ¿son una proyección fiel de la sociedad? ¿O son una muestra esperpéntica del conjunto, que, merced a su falta de escrúpulos, puede actuar como lo que no es, la sociedad misma? Difícil pregunta, de compleja respuesta. Porque no es dable creer que Horacio Tettamanti, dueño de Servicios Portuarios Integrales (SPI), o Eduardo Tomás Pezzati, presidente del consorcio portuario y de todo consorcio o ente que haga falta para dar trasiego al dinero público, representen a la sociedad marplatense. Menos aún su jefe político Gustavo Arnaldo Pulti.

  ver Archivo

Entrevistas

07.09.2010

Dr. Gustavo Rodríguez

El titular de Zona Sanitaria VIII analiza cómo se presentó la gripe A este año comparado con el año pasado y confirma un caso de rubeola en un niño de 4 años en Necochea.

ver Archivo

Ingrese su e-mail y reciba las últimas noticias.

Noticias y Protagonistas es una publicación de Editoral NyP
© Copyright 2010 - Todos los derechos reservados.
Osmosis Diseño y Comunicación