07.02.2010 | Peñarol; Halcones de Xalapa, conducido por el bahiense Néstor García, todavía un ídolo para los hinchas "milrayitas" por haber dirigido al equipo cuando logró su único título en la Liga Nacional de Básquetbol en 1994; Espartanos de la Isla Margarita (Venezuela) y Quimsa de Santiago del Estero son los cuatro mejores equipos del continente.
Al cierre de esta edición se definía quién se quedaba con el título de Campeón de las Américas, logro que los milrrayitas ya consiguieron años atrás en condición de visitantes.
Sin embargo, esta columna no tiene que ver con el resultado sino con los hechos. Con una historia que se va construyendo de a poco y se consolida con títulos y campeonatos. Es la historia de Peñarol.
El equipo de nuestra ciudad se supo ganar un lugar en el ambiente deportivo marplatense desde que en la década del ‘80 empezó a buscar un lugar para competir en la Liga Nacional de Básquet, el maravilloso invento de León Najnudel hoy convertido en un modelo de competición federal de la que participan clubes de cualquier provincia.
Desde entonces, en Garay y Santiago del Estero se privilegió un modelo de conducción y se buscó un perfil determinado para el club. Los dirigentes, con aciertos y errores -hubo de ambos- fueron modelando lo que hoy es una institución deportiva cuya vida competitiva está fuertemente signada por el básquet. En el medio hubo disciplinas que quedaron relegadas, como el fútbol. Muestra de ello es que actualmente en Peñarol se discute si hay que tener o no escuelitas de fútbol. No hay competencia en las categorías más chicas de la Liga Marplatense de Fútbol (desde 1995 hasta 2002). Pero lo que no se discute es acerca del básquet. Porque el modelo y el perfil están pensados para que se trate de un club de básquet. Por lo menos, así ha sido durante los últimos veinte años.
La clave de este exitoso presente no sólo es la suerte, sino saber escoger entre las opciones que brinda el mercado. Lo que Peñarol ha hecho es, claramente, optar por una categoría del mercado marplatense y tratar de ser líder en ella. Es una regla básica del marketing que ha sido muy bien aplicada desde una asociación civil.
Para Mar del Plata, contar con Peñarol ha sido importante en la década del ‘90. Porque el milrrayitas ha participado de cuanto torneo internacional ha podido, y lo hizo con las claras expectativas de buscar ganar. Y cuando no alcanzó el triunfo, ha sido un buen protagonista.
La ciudad tiene en ese club un valuarte invalorable en materia publicitaria, que debería ser mejor aprovechado para imponer en el conocimiento colectivo del continente cuántas oportunidades brindan el Polideportivo, el estadio Minella y el resto de los escenarios que integran el Parque Municipal de los Deportes.
Por eso, Mar del Plata y Peñarol han alcanzado una sociedad que parece fructífera para las partes, aunque al club siempre le cueste demasiado conseguir el apoyo oficial. Más de la cuenta, en esta sociedad que aporta mucho más de un lado que del otro.
por Matías Frati
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La ciudad está al borde del quebranto económico, y el Intendente pretende tapar el enorme agujero negro con una desmedida suba de tasas impositivas. El gasto en sueldos se triplicó, pero las cuentas dependen hoy en día de los favores que hacen la Provincia y la Nación a esta administración. Una vergüenza que esconder bajo la alfombra.
Hace unos días, los marplatenses fuimos sorprendidos por una importante pegatina en la vía pública con el rostro de Florencio Aldrey Iglesias y la leyenda Aldrey + Otero = Mafia. Lástima que esta clase de verdades se vuelquen de manera anónima, lo cual le resta impacto y verosimilitud al asunto. El tema fue recogido por distintos medios de comunicación, que reprodujeron el libelo, continuidad de una volanteada que, con la misma foto, se había desparramado anteriormente por toda la ciudad con otra leyenda: “Gallego, dejá de robar”.
Persona travesti al que la Justicia de Córdoba le otorgó la guarda de dos pequeños que eran maltratados por sus padres.