21.03.2010 | Todo depende de cómo se lo mire. Aunque, debe decirse, todo depende más aún según desde dónde se lo mire. Porque, inquieto como es el tipo, su nueva etapa de proyección nacional lo tiene yendo y viniendo del sillón al micrófono y del micrófono al sillón. Y ese andar -que de espontáneo, macanudo y natural tiene muy poco- le otorga maquillaje de sobra para pintar su (una) cara en Buenos Aires, y remoldear y restaurar su (otra) cara en Córdoba.
Más precisamente, maquillaje verbal. Ese que maneja con estilo propio, desparramando brochazos de pantomima verborrágica para todos los costados, tanto que ya va perdiendo efecto. Cualquier cosa que se le diga al reciente senador Luis Juez siempre tendrá una réplica parecida: mezcla de humor barato con impostadas muletillas de clásicos capocómicos, bastante sal de la tonada autóctona y otro poco de pimienta según el comensal al que le toque tragarse el comentario de turno… Todo un estilo, ¿o alguien puede negarlo? Por lo menos, si de la fauna política se trata, antes que cualquier otro atributo debe reconocérsele ése como la marca de identidad que lo distingue del resto: el de haber sabido ser alguna vez -e intentar ahora torpemente seguir siendo- un hombre al que, por lo menos, entretenía escuchar. Muchas veces, sus dichos han tenido claros golpes de efecto; claramente, quizá no mucho más que eso le sirvió como herramienta para abrirse camino hacia las ligas mayores de la política nacional. Pero, de un tiempo a esta parte, Juez ha resultado presa de su personaje; no hay mucho más que lo mantenga en pie. Por el contrario, las ligas mayores lo tienen a mal traer, y una vez cada tanto le juegan malas pasadas.
El perfil del cordobés, entre los cordobeses, que lo conocemos hace tiempo y de cerquita, viene transitando un sendero de franca caída. El éxito en las últimas elecciones fueron nomás unos quince minutos de fama. Apenas terminaron de volar los papelitos con que regó el centro de la ciudad para celebrar su “reivindicación post-fraude”, los líos políticos, administrativos y gremiales lo tuvieron como telón de fondo: en todos, parte de la responsabilidad por el presente recae en él tanto como en los antecesores que defenestra a diestra y siniestra. Nombramientos de barrabravas en Defensa Civil, nombramiento supernumerario de funcionarios públicos en la municipalidad que tuvo a su cargo, estrechos y turbios vínculos con la fuerza gremial de los municipales, sobreprecios en licitaciones de obras públicas que devinieron en destinos no muy distintos a los que él mismo critica de sus colegas en la orilla de enfrente del poder. En fin, que los chistes y las humoradas cada vez le sirven menos para salir bien parado. Y por aquí, esa fama de impoluto y honesto cada vez se le pega menos cuanto más habla y más frases de antología derrocha desde el Parlamento. El maquillaje con que afanosamente se revoca el perfil para el público bonaerense lo va distanciando de la pintura del pago chico. Y además, una sensación de cansancio y aburrimiento que cada vez más cordobeses cargamos al verlo ahora por la TV nacional prácticamente a diario.
Porque si de frases hartantes se trata, por estos días más que nunca, los de aquí andan repitiéndoles a los de allá: “te lo dije”. Te dije que no era nada muy distinto; te dije de dónde venía, por dónde andaba y a dónde quería ir; te dije ya varias veces que sabía decir más que hacer o ser lo que decía que hacía y era; te dije, tantas pero tantas veces, que aquel gordito simpático de habla cantarina era un zoquete más en el canasto de medias sucias que ya conocías de antes…
Pero es que el perfil del cordobés, entre los no cordobeses de la provincia de Buenos Aires, se fue construyendo con tanta paciencia como habilidad al punto de que cualquier “porteño” que hablase con algún cordobés no prestaría reparos en elogiar a ese cojonudo de Juez, honesto, limpio, nuevo, y desconocido… Como si Buenos Aires fuese un país tan lejano como para que la distancia con su tierra natal no le contamine la buena fama que iba haciendo, la estrategia política de Juez consistió básicamente en presentarse como víctima, luego como herido e idealista luchador, más tarde como un “yo contra el mundo pese a todo” y, finalmente, como un héroe, redimido, a contramano del poder; muy al estilo de los mártires de antaño… Pero nada quedaba tan lejos Luis, ni siquiera ciertas islas de los océanos remotos…
Al día de hoy, lo único que le sale sacar de su galera de ocurrencias verbales es “yo no fui, es todo una mentira” y exasperarse como nunca se lo ha visto cada vez que se lo consulta sobre las sospechas que recaen sobre él en relación a la supuesta existencia de cuentas ocultas en paraísos fiscales. Por si no lo sabía aún, en los próximos días la jueza Servini de Cubría librará exhortos a las Islas Bahamas por una cuenta abierta desde 2006 en el BNP Paribas Private Bank & Trust Ltd. por un monto de US$2.921.114,81 depositados en junio de 2009, a nombre de Displak Inc.; los únicos autorizados para mover fondos de dicha cuenta son el senador Luis Juez, su hermano mellizo Daniel y su amigo Martín W. Cartada. La exhortación también irá en vuelo directo hacia las Islas Caimán, donde tocará la puerta de dos bancos: el Bank Of America, donde sólo Luis y su hermano están autorizados a mover los fondos de una cuenta abierta en febrero de 2005 a nombre de Lantral Inc. con un saldo de US$75.116,81 a junio de 2009; y el Delta Bank, donde otra vez Luis y su mellizo Daniel tienen exclusiva autorización sobre una cuenta a nombre de Lantral Inc. abierta en noviembre de 2008 y que, a junio de 2009, contaba un saldo total de US$1.418.151,36. En síntesis, tres cuentas que suman un total de US$5.090.381 para un hombre que en su declaración jurada admitió apenas la posesión de poco más de US$600.000 en bienes inmuebles.
Según dice Juez, todo esto no es más que una estrategia política para ensuciar su honradez y honestidad, una forma de persecución política que el oficialismo ejerce en su contra por el simple hecho de ser “el único que no se calla”. Como anduvo repitiendo en varios medios: “Kirchner se hace el progresista pero utiliza los servicios de Inteligencia como los usaba la dictadura militar para plantarme alguna boludez, para tratar de hacer creer que yo soy igual a algunos otros”. No sé, a mí me recuerda a varios. En su historial, entre otros tantos, consta el hecho de haber sido secretario privado de su actual enemigo Schiaretti; y haber sido echado por De La Sota por corrupto cuando estaba al frente, justamente, de la Fiscalía Anticorrupción. Ése es el problema de los perfiles: siempre dejan una mitad a oscuras…
Un empleado no docente de la Universidad advirtió a otro que se callara, y lo hizo incendiándole el coche por segunda vez en menos de un año. Hay un enfrentamiento interno entre sectores, que incluye secuestro, amenazas, lesiones y hasta la destrucción completa de propiedad privada. El rector no se hace cargo: esto es poco importante para él.
Apareció en escena Horacio Tettamanti, ingeniero, empresario, funcionario de la administración comunal, concesionario de espacios públicos en el puerto de Mar del Plata. No ha sido una aparición más, sino que viene de la mano de una investigación de la revista Puerto, que lo coloca en la incómoda posición del que hace todo lo contrario de lo que dice.
Tettamanti se hizo conocido entre nosotros por sus apariciones en los medios cuando denunciaba actos de corrupción en la Gobernación de Chubut, durante el mandato de Carlos Maestro, y en relación a la administración de puertos en el Gobierno de la Alianza (De la Rúa/Álvarez). Hoy, funcionario influyente en la gestión GAP, se lo ve en fecha reciente caminando junto a Florencio Aldrey Iglesias por el GHP junto al canciller Timmerman.
Responsable de la obra de 3 de Febrero y Catamarca donde se cayó un fierro que rompió un vehículo.