25.08.2007 | Economistas de diferentes líneas académicas coinciden en valorar el alto nivel de reservas que tiene hoy la Argentina, lo que fortalece la economía y genera seguridad. Las actuales son reservas genuinas compradas al Banco Central, muy distintas a las que surgieron de la contrapartida de la deuda que contraía el país en los ’90.
El récord al que se llegó hace dos meses es una buena noticia para el país porque, tratándose de un elemento preventivo para la crisis actual de los mercados financieros, permite fortalecer la economía. Las reservas son el recurso al que echa mano el Estado cuando la economía se sale de control, a fin de evitar una crisis como la del 2002. Una alternativa para contar con fondos anticíclicos, es decir, con un monto de liquidez útil para capear temporales.
No somos los únicos en blindarnos. China cuenta con reservas por más de 1,2 billones de dólares, las de Brasil suman unos 100.000 millones. En el mes de mayo, Martín Redrado explicó que las reservas que la entidad se empeña en hacer crecer sólo sirven para respaldar la política monetaria. Según dijo, constituyen "el respaldo imprescindible de la política monetaria y financiera" del Central y tienen el objetivo de "mantener bajo estricto control el equilibrio entre oferta y demanda en el mercado monetario".
Por aquellos días el economista advirtió sobre la importancia de tener en cuenta la posibilidad de una desaceleración de la economía mundial, especialmente la de los Estados Unidos. Y dentro de la región latinoamericana hizo hincapié en las diferentes situaciones de Venezuela y México, con el 60 y el 40% de sus exportaciones dirigidas hacia los Estados Unidos, comparando esos países con el nuestro, que sólo tiene un 9% de su intercambio ligado al mismo país.
Los signos de una posible burbuja inmobiliaria en Estados Unidos estaban ahí para quienes quisieran verlos. Durante el 2005 y principios del 2006, cuando una casa o un departamento en Washington, Maryland o Virginia salían a la venta, los interesados sabían que para ganar debían ofertar más y no menos de lo que pedía el vendedor.
Por eso los bancos ofrecían créditos hipotecarios a 20 o 30 años, a tasa fija en ciertos casos, sin mayores resguardos. Y los que necesitaran más dinero siempre podían recurrir al mercado de las segundas hipotecas que, aunque con una tasa algo más alta pero siempre de un solo dígito, estaba dispuesto a aportar el capital faltante.
Pero ese mercado, que en algunas ciudades llevó a que el valor de las casas subiera a un ritmo de US$ 10.000 o más por mes, comenzó a enfriarse y luego a desinflarse velozmente. Ahora los valores están cayendo y los compradores regatean al ofertar por una casa, como ocurre aquí desde siempre.
La evolución del mercado inmobiliario estadounidense ha generado temores que impactaron primero en sus propios mercados y que después repercutieron en todo el mundo. El mercado argentino estuvo incluido en las generales de la ley, pero las caídas en la cotización de los bonos públicos y en las acciones fue más aguda que en otros mercados de la región.
Es indispensable considerar el peso de los factores internos del golpe. Entre otras cosas, la cotización de los títulos también está afectada por la distorsión en el índice de precios minoristas que provoca la intervención del Gobierno en el INDEC. Los inversores tuvieron en cuenta que el incremento de los precios reales está por encima de lo que señala el índice oficial y comenzaron a abandonar los bonos indexados por inflación, una parte sustancial de la deuda pública y del mercado. La caída en la cotización de los bonos dificulta y encarece el financiamiento público.
La demanda de dólares, sumada a la incertidumbre surgida en el mercado estadounidense, provocó un aumento en la tasa de interés bancaria. En caso de que esta situación persista se incrementará el costo del crédito interno y habrá efectos sobre el consumo y la inversión.
Redrado aseguró que la implementación de medidas como la intervención directa en los mercados de divisas y activos financieros responde a una estrategia preventiva y consistente construida en los últimos años para garantizar, en momentos de turbulencia, la capacidad y la fuerza de prevenir sobresaltos.
Señaló que "la acumulación prudencial de reservas constituye un ejemplo elocuente de esta estrategia. Como todo seguro, representa un beneficio abstracto mientras no se utiliza, pero concreto en situaciones de estrés financiero", y destacó que el nivel de reservas actual, en torno a los 44.000 millones de dólares, es "suficiente para desalentar movimientos especulativos".
Al mismo tiempo, Redrado indicó que ante las ultimas presiones de devaluación del peso argentino registradas días atrás, el Banco Central dejó en claro moderará cualquier cambio abrupto en el mercado con posibles impactos inflacionarios o incertidumbres.
Pero el BCRA no fue el único en intervenir. En apenas 48 horas los bancos centrales de Europa, Estados Unidos, Japón y Canadá debieron inyectar en los mercados la friolera de 323.300 millones de dólares, un monto equivalente al doble del tamaño de la economía argentina medida a precios corrientes.
El grueso corrió por cuenta del Banco Central Europeo que debió agregar unos 61.010 millones de dólares a los 94.800 millones volcados en una jornada, una cifra que terminó de convencer a los operadores sobre la magnitud de la crisis; de esta manera giró a bancos y fondos un total de US$ 214.500 millones en sólo dos días.
A la acción de rescate se sumó con mayor presencia la Reserva Federal de Estados Unidos (FED, según sus siglas en inglés). La entidad no sólo liberó unos 38.000 millones equivalentes al 90% de las reservas argentinas, también emitió una declaración comprometiéndose a entregar suficientes fondos para prevenir sobresaltos, en un intento por calmar a los mercados. Esta intervención de la FED cobra importancia cuando se advierte que se trata de la primera liberación de fondos desde el ataque terrorista a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001.
Si las turbulencias financieras se mantienen en el tiempo, entonces el panorama local se complicará en cuanto al ritmo de crecimiento de la economía y la creación de puestos de trabajo. Pero, francamente, en lo que respecta a actividad y solvencia fiscal, la economía está bien. Las dudas más fuertes siguen vinculadas a la tasa real de inflación.
por Beatriz Adela Rusos
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