05.10.2007 | El sistema financiero mundial nunca fue tan poco transparente. Hace unas décadas, el movimiento diario de las operaciones cambiarias era similar al capital de un banco grande de los Estados Unidos; por estos días se parece al capital acumulado de los cien primeros bancos americanos.
Los arquitectos de las finanzas inventan constantemente nuevos “productos" que desafían a los Estados Nación y a los tradicionales bancos internacionales. Por el lado del FMI, ya el año pasado Rodrigo Rato lamentó estos nuevos riesgos agravados por la debilidad del dólar y el déficit comercial de los Estados Unidos; temores que reflejan el desconcierto intelectual que invade a una buena parte de los miembros de dicha organización.
Los créditos y préstamos del FMI pendientes de reembolso disminuyeron espectacularmente desde 2003, pasando de más de 70.000 millones de dólares a unos 20.000 a fines de julio de 2006. Así se redujo su influencia en la política económica de los países en desarrollo y así también se redujeron sus ingresos por debajo de lo necesario para financiar sus altísimos costos de funcionamiento.
Tras los derrumbes financieros que ocurrieron entre 1997 y el 2000, muchos de los dirigentes más conocidos del FMI admiten que ya no creen en las premisas del pensamiento económico clasico del “laisser- faire". Strauss-Kahn, profesor de economía, abogado de negocios y nuevo director del Fondo, se ha presentado siempre como el defensor de un "socialismo de lo real".
Anunció las tendencias de la reforma que piensa llevar a cabo en el seno de la institución para permitir una mayor representatividad de los países emergentes. La reforma de las cuotas-partes, que busca dar una mejor representatividad a los países emergentes, debía llevarse a cabo lo más rápidamente posible.
El FMI, que celebrará su asamblea en Washington entre el 19 y el 21 de octubre, atraviesa una crisis de legitimidad mientras que países en desarrollo como China, India o Brasil no se consideran suficientemente representados, teniendo en cuenta su creciente peso en la economía mundial.
Por cierto que la naturaleza misma del sistema financiero mundial ya no tiene nada que ver con las políticas económicas nacionales “virtuosas" preconizadas por el Fondo. Los gestores de carteras de fondos de inversión y los grandes bancos marginaron a los bancos nacionales y a los organismos internacionales.
Los traders, operadores bursátiles aventureros, le ganaron a los más tradicionales y prudentes porque la compra-venta de acciones, obligaciones y otros productos derivados permiten obtener mayores ganancias. Además, la regla actual es asumir riesgos mucho más altos, como quedó demostrado en las últimas crisis en Estados Unidos y Gran Bretaña.
Para obtener participaciones más importantes en el mercado, los bancos de inversión europeos y estadounidenses “viven peligrosamente", lanzándose a operaciones cada vez más riesgosas. Ya desde el 2006 los observadores preveían un sensible aumento del número de empresas y particulares fuertemente endeudados que a la larga entrarían en cesación de pagos. Sin embargo se redujeron las cláusulas legales destinadas a proteger a los inversores y los prestamistas tienen menos posibilidades de obligar a las empresas mal administradas a declararse en estado de cesación de pagos.
Unos tres meses después del estallido de la crisis de créditos inmobiliarios de riesgo en Estados Unidos, los bancos todavía no recuperan el aliento. El anuncio del banco suizo UBS coincidió con advertencias del estadounidense Citigroup y de Credit Suisse, y tuvo lugar pocos días después del alerta del alemán Deutsche Bank. Muchas instituciones bancarias de menor tamaño, como el británico Northern Rock o los alemanes IKB y SachsenLB, se salvaron de ser borrados del mapa sólo gracias a intervenciones externas.
El ministro británico de Finanzas, Alistair Darling, admitió que hay lecciones que aprender de la crisis financiera del mes pasado. El Northern Rock, víctima de la actual crisis de crédito que provocó temblores financieros, debió recibir un rescate de emergencia del Banco de Inglaterra; la promesa del gobierno británico de garantizar el 100% de los ahorros consiguió calmar las aguas.
Existen al menos 10.000 hedge funds, el 80% de los cuales tiene domicilio en las Islas Caimán. Hay 400 que administran al menos 1000 millones de dólares cada uno y realizan por su cuenta el 80% de las operaciones. Actualmente no existe ninguna forma de regularlos. Estos fondos especulativos poseen activos por más de 1.5 billones de dólares y el volumen de sus operaciones con los productos derivados globales alcanza los 6 billones de dólares, es decir, la mitad del PBI de los Estados Unidos.
En el clima de euforia de los últimos seis años la mayoría ganó y algunos perdieron. La agencia de calificación Standard & Poors busca evaluar la solvencia de estos fondos especulativos pero confiesa que no lo ha logrado. Los más importantes admiten que utilizan modelos informáticos para efectuar sus transacciones. En 1998 quebró ruidosamente Long Term Capital Management (LTCM), famoso por su utilización de técnicas matemáticas concebidas por dos premios Nobel, Myron Scholes y Robert Merton. Los esfuerzos del gobierno americano de entonces y de Wall Street impidieron el desastre.
En el 2001 prácticamente no existía el mercado actual de los productos de los fondos de especulación, los derivados de crédito. Pero a fines del 2005 ya manejaban 17.3 billones de dólares.
Nadie puede decir exactamente qué son los productos derivados de créditos. La principal responsable de mercados de capitales de The Financial Times, Guillian Tett, los ha investigado sin conseguir definirlos claramente. Nacieron en reuniones de financistas en Boca Ratón, Florida, entre cóctel y cóctel cerca de las piscinas. Imaginaron un instrumento financiero lo suficientemente complejo como para no ser fácilmente imitado y capaz de reportar grandes ganancias.
Muchos de estos “productos" innovadores existen sólo en el ciberespacio y son únicamente medios que permiten a los muy ricos a evadir impuestos. Enron las utilizó en abundancia, llevándolos tanto al éxito como a la bancarrota final, con un agujero de 100.000 millones de dólares. Según uno de los mayores inversores de Estados Unidos, Warren Buffet, los derivados crediticios son nada más y nada menos, que “armas financieras de destrucción masiva".
por Beatriz Adela Rusos
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