25.07.2008 | Tengo un problema personal con Elisa Carrió que la dirigente de la Coalición Cívica desconoce, pero que a mí me ha causado más de una situación cómica…
Si bien le llevo seis años, somos muy parecidas físicamente; tanto, que en épocas de elecciones me han parado más de una vez por la calle para decirme que me iban a votar. La primera vez pensé que era una cargada, pero después aprendí a desilusionar a la gente explicándole que yo no era Lilita, cosa que me creían todos cuando me sacaba los anteojos negros: no sólo es diferente nuestro color de ojos, sino la mirada.
Me divertí mostrándoles a mis amigos una foto de ella y diciéndoles: “¡Mirá qué bien salí en una foto que Perfil me sacó en Playa Grande!" Y me lo creyeron hasta los más íntimos. Guardé la foto por meses, hasta que mi viejita me preguntó porqué salía en el diario… Ese fue el momento en el que decidí cortarme el pelo.
Pero la cosa no terminó: todo el mundo me dice que hablo igual. Lo atribuí a la voz de fumadora, hasta que volví a escucharme en una grabación de una clase: no sólo era la voz, era la forma de hablar, pese a que hablo mucho más rápido. Caramba. Se dice que todo el mundo tiene su doble, pero no todo el mundo lo encuentra. Y menos en una función pública.
Mi voto: mis más y mis menos
Voté a Carrió por su propuesta partidario, pero tuve mis más y mis menos con respecto a la candidata en lo personal. En mis más estaba lo político: creí en su honestidad, pero también dudé siempre de que pudiera gobernar rodeada de los aparatos salvajes de los partidos políticos (va en plural: no sólo el del peronismo, aunque hubiera sido el primero en tirar a matar; los otros partidos no le hubieran ido en zaga).
La mayoría de sus propuestas me gustaban y otras me parecían muy difíciles de realizar, pero había que darle el changüí, porque estaba dispuesta a dialogar en paz: el famoso ubuntu, al que nadie le dio bola en este país, y por el hecho de enarbolar la república y no esa ambigüedad que ahora se llama democracia y no es nada más que populismo.
Entre mis menos estaba -y está- su declarada intuición: en un mundo de salvajes fieras sofísticas y pragmáticas, hablar de intuición es un suicidio. Otro de mis menos era su forma de aparecer: culta, irónica, desprejuiciada, independiente, despreocupada por la imagen... Así no se puede hacer política en este mundo careta.
Espejos
Meses después de las elecciones, charlando de candidatos con unos amigos de la universidad, yo opiné sobre Carrió lo que acabo de escribir. Y uno de ellos me dijo:
- No te gusta de ella lo que tiene de parecido con vos.
- No creas, no estoy disconforme con mi físico. Carrió me parece linda…
- No me refiero a eso. ¿Vos sabés cómo te ven?
- Rubia, gorda, con voz de pucho… Igual a Carrió…-me reí.
- No. Culta, irónica, independiente, desprejuiciada, despreocupada por la imagen…
Me jorobó. Siempre me creí una figura neutra. Una señora gris, simpática y olvidable.
- ¿No me digas? – le contesté todavía riéndome.
- ¿Acaso no sos culta y lo demostrás? –me contestó.
- Sí, soy culta porque me pasé la vida estudiando: ¿qué tengo que hacer? ¿Disimularlo y jugarla de Susana Giménez?
- No, entonces no critiques a Carrió, que hizo lo mismo. Además, vos sos irónica…
- Sí, no hay otra manera de sobrevivir en un mundo tan cínico. Hay que defenderse…
- No dirás que no sos independiente…Siempre hiciste lo que se te cantó.
- Es verdad, limitada por la gente a la que quiero y a la que no dañaría con mis actos, pero más allá de eso siempre hice lo que quise…
- Supongo que Carrió tampoco daña. Y si ella no se preocupa por su imagen, parece que vos tampoco te preocupas por la tuya, por lo que se ve…
- ¡Es lo único que me faltaba! Preocuparme por eso. ¡Soy una profesora, no una modelo: lo que importa no es ni cuánto peso, ni cómo me visto, sino lo que enseño! No serás un ridículo de los que creen que la imagen es lo que cuenta…
- No. Y ella es una política, así que tampoco debe preocuparse por su imagen, lo que cuenta no es cómo luce sino lo que hace... Por otra parte, en cuanto a desprejuicio, nunca te vi cuidarte de opinar lo que se te cantara…
- Es verdad, la libertad es un logro.
- ¡Y no hablemos de la intuición, vos sos una bruja de aquellas! Te he visto predecir cada cosa que me ha dejado con la boca abierta.
- Es verdad...
- ¿Te diste cuenta cómo justificaste en vos lo que no te gusta de Lilita?- remató mi amigo.
Era verdad: le criticaba mis propios defectos y, en realidad, no sé si ella es así. Sólo me dejaba guiar por la apariencia, ya que no la conozco en profundidad.
La conversación me dejó pensando en el tema de las proyecciones. El obvio parecido físico entre la dirigente y yo me había servido para proyectar en ella mis defectos y alguna virtud. Menos mal que mi voto tenía bastante de análisis político, si no me hubiera sentido bastante mal en predicar una cosa y hacer otra.
Proyecciones
En general, hablamos de proyecciones en relación con lo negativo: atribuyo a otro lo que no acepto en mí, pero no siempre se trata de eso: también se proyectan nuestras propias virtudes y aun cosas neutras. Es un mecanismo de relación con el mundo.
La convicción de que sujeto y objeto están perfectamente separados es lo que nos hace considerar incorrecta la proyección, pero es una manera más de conocimiento que –como todas- no es perfecta.
Cuando decimos que un día nublado es triste, estamos proyectando nuestra sensación sobre una condición meteorológica que en sí es neutra. Sin embargo, esa proyección es entendida por todos, por lo que alguna relación habrá de tener…
Sabemos tan poco acerca de la manera que tenemos para conocer el mundo, así que no es bueno descartar nada, pero desde que Descartes creó este mundo binario que separa sujeto y objeto, materia y mente, no podemos liberarnos de esa concepción y sólo nos manejamos en un mundo de causalidades materiales y lineales, pese a que ha probado ser bastante insuficiente.
La analogía, la imagen y la metáfora la dejamos para la poesía; sin embargo no sabemos cómo se produce la creación o el descubrimiento de nuevas formas de aprehensión de la realidad. La razón sirve para verificar la pertinencia de un conocimiento, pero no dice una palabra sobre cómo se creó, y eso probablemente tenga que ver con la ceguera cartesiana de nuestro mundo que deja afuera del pensamiento toda otra actividad que no sea la racional, como la intuición, de la que la proyección parece formar parte…
¿Y dónde quedó Lilita después de esta parrafada? En la intuición. Como ese es otro aspecto que comparto con ella, no sé si es conveniente hablar tan abiertamente de las cosas que uno sabe sin que nada exterior lo indique: para la mayoría de la gente eso cae en el nivel de la credulidad o de la chifladura.
Como no hay una explicación racional de la intuición, o bien no existe, o es un delirio. Personalmente sé que hay otra forma de conocer que no tiene la más mínima explicación, por ahora. Creo que no tardaremos en saber de qué se trata, pero no ahora. Y eso hace que los racionalistas, en vez de investigar, apelen la burla. ¡Qué paradoja que aquellos que desechan las creencias como supersticiones sólo acierten a invocar su propia creencia para rechazar lo que no comprenden!
Durante bastantes siglos fuimos acusadas de brujas y hechiceras por usar la intuición, así que creo que por el momento Lilita hace mal en darle pasto a las fieras.
Un empleado no docente de la Universidad advirtió a otro que se callara, y lo hizo incendiándole el coche por segunda vez en menos de un año. Hay un enfrentamiento interno entre sectores, que incluye secuestro, amenazas, lesiones y hasta la destrucción completa de propiedad privada. El rector no se hace cargo: esto es poco importante para él.
Apareció en escena Horacio Tettamanti, ingeniero, empresario, funcionario de la administración comunal, concesionario de espacios públicos en el puerto de Mar del Plata. No ha sido una aparición más, sino que viene de la mano de una investigación de la revista Puerto, que lo coloca en la incómoda posición del que hace todo lo contrario de lo que dice.
Tettamanti se hizo conocido entre nosotros por sus apariciones en los medios cuando denunciaba actos de corrupción en la Gobernación de Chubut, durante el mandato de Carlos Maestro, y en relación a la administración de puertos en el Gobierno de la Alianza (De la Rúa/Álvarez). Hoy, funcionario influyente en la gestión GAP, se lo ve en fecha reciente caminando junto a Florencio Aldrey Iglesias por el GHP junto al canciller Timmerman.
Responsable de la obra de 3 de Febrero y Catamarca donde se cayó un fierro que rompió un vehículo.