27.09.2008 | El proceso de sustitución de importaciones, que comenzó con la devaluación del peso tras la crisis de diciembre de 2001, es cada vez más endeble. El dato preocupa porque el 63% de las importaciones se da en sectores que compiten con la producción nacional.
Varios son los problemas de nuestra economía, inmersa en el mar económico mundial que presenta un oleaje nada amigable. Uno de los más importantes es el del incremento en los precios. La inflación en los alimentos encuentra a las empresas de venta minorista en el ojo de la tormenta, porque son el último eslabón en una cadena comercial que se inicia con la producción de las materias primas y que termina cuando el cliente pasa sus compras por la caja del supermercado.
Mal de todos, consuelo de tontos; pero el problema es mundial y esto lo hace todavía más difícil de solucionar. En Francia la inflación en alimentos fue cero en 2005, 2006, y 2007, y ahora están en 3,5 o 4% anual. Nosotros saltaríamos de felicidad si ésa fuera nuestra realidad, pero la tendencia es más o menos la misma.
La inflación es una amenaza. No está desbocada, pero sí muy lejos de responder a los porcentajes mostrados por el INDEC. No hay créditos a largo plazo, dada la incertidumbre, lo cual es un problema que con el pago al Club de París no se resuelve. Es resumen, estamos en riesgo, pero no de un crash. Para recuperar la confianza en la economía, en principio, habría que solucionar el tema INDEC. Todo el mundo sabe que la inflación será, más o menos, del 25%; mientras el Gobierno sigue insistiendo con cifras que ya nadie cree.
Tampoco todo es negativo. Hay indicadores positivos en la economía Argentina, como el hecho de que las exportaciones de origen industrial alcancen el 30% del total, que el superávit primario esté entre 3 y 4% del PBI y que las inversiones en el 2007 tuvieran el mejor nivel que el país haya alcanzado en años; aunque mucho me temo que en este ramo, a fines del 2008 habremos retrocedido un poco.
Pero hay una luz roja que molesta a muchos y a la que habría que prestar real atención. Mientras la balanza comercial se beneficia con los precios más o menos favorables en los mercados mundiales para los principales productos de exportación, como por ejemplo los commodities, en las góndolas se ven cada vez más productos fabricados en el extranjero.
Nos explican que una de las principales razones para el aumento de las compras al exterior es el crecimiento de la economía argentina y de la demanda. Pero el déficit en manufacturas de origen industrial (MOI) superará los u$s 30.000 millones en 2008. Aunque principalmente esté conformado por compras de bienes para la producción, como bienes de capital y piezas y accesorios, los bienes de consumo hacen su aporte. Se trata de un rojo 32% mayor que en 2007, frente al déficit de u$s 22.000 millones alcanzado el año pasado en MOI.
El fuerte crecimiento de las importaciones se notó más en lo que va de 2008, y en general las compras estuvieron muy diversificadas: bienes de capital, energía y bienes de consumo. Siempre que hay un aumento fuerte de las importaciones repercute más en los sectores de producción donde hay más sensibilidad: calzados, juguetes, textiles, marroquinería, siderurgia.
Por un lado, el incremento de las importaciones con respecto a la de las exportaciones se encuentra muy relacionada con la inflación, la apreciación del tipo de cambio real, y por lo tanto, en la pérdida de protección para la producción local. Con la apreciación del tipo de cambio real, las importaciones se abaratan y crecen a un ritmo superior a las exportaciones, erosionando el superávit comercial de largo plazo
También, cuando las empresas crecen y la economía crece, las compañías demandan insumos, maquinaria y piezas importadas en gran cantidad. Este es uno de los principales factores que causa el aumento de importaciones. La apreciación del tipo de cambio real también juega un papel, pero secundario.
Los productos que más se importaron en los primeros ocho meses del año fueron vehículos para transporte de personas, partes y accesorios para el complejo automotriz, gasoil y otros combustibles, porotos de soja utilizados para procesar y exportar aceite, teléfonos celulares y fertilizantes.
Son varios factores los que actúan para que nuestras industrias vayan perdiendo competitividad: el aumentos en el costo de insumos, el incremento de costos salariales por la recomposición de los sueldos sobre los que se cargó la devaluación de 2002, una inflación a la que le atribuyen un nivel del 25% y que supera el 8% anual de los índices oficiales, y también la apreciación del tipo de cambio real.
Desde el punto de vista del consumo, los productos alimenticios importados, que eran moneda corriente en los "90, volvieron con fuerza en los últimos meses a las góndolas de los supermercados. Y, en muchos casos, lo que se ve en las góndolas y vidrieras desalienta la producción local. Los bienes de consumo representaban, en las compras al mundo durante la década del "90, casi el 16% de la torta importadora; hoy, a siete años del fin de la convertibilidad, representan el 10%. La baja en el desempleo y la recomposición salarial explican la suba de la demanda en los últimos años.
El ranking de productos importados de la Aduana tiene a los autos a la cabeza. Y si bien existen productos que son bienes de capital e insumos, destinados a la producción como productos químicos, fertilizantes, insecticidas y también combustibles, entre los productos de consumo masivo siguen los electrodomésticos, con predominio de televisores, calefactores, aire acondicionado y heladeras. Los celulares también siguen firmes en los primeros lugares.
Por supuesto, los sectores sensibles de la industria, que tienen buena relación con las áreas de Gobierno dependientes de Economía y Cancillería, lograron importantes medidas arancelarias y paraarancelarias para intentar hacer frente al avance externo comandado por China, aunque se suma con fuerza India y el resto del sudeste asiático. La tendencia en Argentina no escapa a un cuadro mundial donde también el made in China gana espacios constantemente.
Para el vicepresidente de la Unión Industrial Argentina, José Ignacio de Mendiguren, el dólar ideal estaría alrededor de los 3,15 y 3,20 pesos. Otra corriente de industriales prefiere poner los ojos en la suba de precios y considera que un dólar más alto podría enfrentar a la economía con un aumento de la presión inflacionaria.
La ecuación no es fácil. Una economía demasiado proteccionista afecta a los consumidores; pero una economía sin ninguna protección a sus industrias se convierte en una máquina de desempleados.
por Beatriz Adela Rusos
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